lunes, 19 de octubre de 2015

OPORTUNIDAD PARA ‘VIVIDORES’

Por Iván Antonio Jurado Cortés

A medida que se acerca la fecha cumbre para saber finalmente quienes serán los elegidos, muchos candidatos se aferran y están convencidos de ser los futuros triunfadores. Algo que a simple vista es incierto. Nuestra forma de gobierno, a pesar de ser un sistema presidencialista, enmarcado en la llamada “democracia moderna”, no ha decantado con precisión mecanismos para favorecer los verdaderos intereses del pueblo en cuanto a representaciones públicas elegidas por voto popular se refiere.

Como reza la Constitución Política de Colombia, ‘todo ciudadano está en el derecho de elegir o ser elegido’, obviamente dentro de un marco normativo vigente. Aunque esto debe ser así, tampoco se puede prestar para malas interpretaciones. El éxito de los gobiernos no solo depende de la persona que se elija o nombre como gobernante; sino que también juegan papel relevante los cuerpos legislativos, judiciales, contralores y todas las instituciones regionales y locales del orden estatal y privado.

La sociedad colombiana se prepara para participar de unas contiendas electoreras con el objeto de elegir gobernadores, diputados, alcaldes, concejales y juntas administradoras locales; razón para que se aproveche esta gran oportunidad y otorgarles la responsabilidad social y política a personas que gocen de credibilidad, aceptación y capacidad de dirigir, gestionar, ejecutar y proyectar a sus comunidades a una mejor calidad de vida.

Para cumplir con estos requerimientos, debemos analizar y facilitarle el espacio a los verdaderos líderes que hayan demostrado un compromiso absoluto y permanente con sus conciudadanos.

Desafortunadamente en nuestro país, estas sanas pretensiones cada vez se convierten en una utopía, debido que el mismo Estado ha sido demasiado flexible, permitiendo que intereses ajenos a una verdadera democracia socaven lo más preciado que tiene una persona como la dignidad y la ética.

Es lamentable decirlo, pero el que más dinero posee, ese es el que tiene mayor oportunidad para convertirse en mandatario o autoridad popular. Por lo  general estos seudolíderes, son los que se identifican por el nato interés de fortalecerse económicamente, y ostentar un poder para utilizarlo en contra de las verdaderas necesidades del constituyente primario, convirtiéndose en unos vividores del erario público.
Existe un adagio popular, “papaya dada, papaya partida”. Desgraciadamente para nosotros, estos politiqueros de turno aplican muy bien este refrán. Y ojo!, no permitamos con nuestra autónoma decisión, bridarles el “papayaso” a estos oportunistas. Es hora de despertar y refrendar nuestra honorabilidad.

A escasos dos meses de afrontar la fecha eleccionista, las maquinarias’ se aceitan y aceleran en su desmedido afán de asegurar sus inversiones, que a propósito son costosas y significantes dentro del capital privado. No se puede ocultar que en medio de este agite electoral, existen propuestas sanas proyectadas a mejorar las condiciones de vida de la ciudadanía, así como, reestablecer los principios democráticos que en las últimas décadas se han extraviado en medio del fanatismo y ansias de poder.

Sin embargo la preocupación aumenta cada que los votantes superponen intereses particulares a un beneficio colectivo, que debiera ser la esencia de estos procesos democráticos.

En Colombia existen zonas demasiado marcadas en cuanto a malos procederes electoreros, especialmente en la mayoría de las costas pacífica y atlántica, donde los principios democráticos ya son historia, y elegir a un constituido ya es otro cuento, fortaleciendo una cultura mafiosa-electoral.


Las épocas de elecciones más que una fiesta democrática es una temporada para ‘vividores y arribistas’, que sin dudarlo miran en este mecanismo la oportunidad perfecta para saciar ‘olímpicamente’ sus apetitos personales, sin importar la prioridad que necesariamente siempre debe ser el bien comunitario. 

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