lunes, 16 de abril de 2012

BRISAS PAPALES…

Por: Iván Antonio Jurado Cortés
No existe la menor duda que uno de los países más pequeños en territorio del planeta es hoy el protagonista en el ámbito político, económico y religioso del orbe. El Vaticano, que no es más que una pequeña ciudad dentro de otra gran ciudad, con una extensión de 0.44 kilómetros cuadrados y población aproximada de mil habitantes, es la región con el mejor índice en calidad de vida. Es un verdadero epicentro de arte e historia, el punto neurálgico de la civilización occidental; la ciudad del Vaticano está en el corazón de la capital italiana, a la orilla del río Tíber, que desde 1929 se erige como nación independiente y soberana, hogar del Papa y de los grandes líderes de la Iglesia Católica. Contrario a lo que es hoy, su origen es humilde, allí fue crucificado el apóstol Pedro en el año 64 después de Cristo, cuando los cristianos todavía eran perseguidos por el imperio romano. En el año 318, el emperador Constantino dio libertad de culto e inició la construcción del primer templo en honor a Jesús.
La figura del Papa o “Sumo Pontífice” es para los cristianos, especialmente los católicos una imagen de espiritualidad, confianza y esperanza, particularmente en los pueblos vulnerables y abandonados de la tierra. Lastimosamente, todo el brillo dorado no es felicidad, más bien es el reflejo de una oculta y profunda estrategia de dominio que por cientos de años se ha enclavado hasta en los pensamientos más inverosímiles de la humanidad. Es algo irónico, mientras el Vaticano y su corte ‘celestial’ son sinónimos de opulencia, majestuosidad y autoridad, el 75% de los creyentes no sobrepasan la línea base de la pobreza, inclusive el 20% aún se encuentran en la pobreza extrema y mendicidad. Algunos dirán que la función de la iglesia Católica o cualquier congregación eclesiástica es netamente la espiritual, sin embargo, no se acepta que se mire de reojo los problemas sociales que azotan a la humanidad.
Obviamente que es muy difícil comprobar y comparar la magnitud y personalidad de cada jerarca que ejerza la dirección del catolicismo mundial; empezando desde el primer Papa que según la concepción ideológica cristiana fue Pedro, hasta los centenares de sucesores que ha pasado, pero cada cual ha impregnado y desarrollado sutilmente su proyecto político y social dentro del mandato correspondiente, decantado finalmente en las masas creyentes del globo. La pregunta es: por qué en dicho Estado tan pequeño existen todas las firmas bancarias más importantes del mundo capitalista? Por qué ese país tan pequeño tiene tanta injerencia política con el resto de países del mundo? Por qué en ese lugar existen las centrales de inteligencia más técnicas de la tierra? Por qué desde el inicio de los papados solo tuvo oportunidad una mujer? Y así sucesivamente uno continua haciendo un sin número de preguntas, aunque muchas de estas parezcan ilusas… con lo anterior solo se concluye que el Vaticano es un país con poder imperial tan o mayor a otros imperios capitalistas que en la actualidad se sobreponen a cualquier interés socioeconómico de muchas naciones de los cinco continentes.
Sin entrar en debates espirituales, que con todo el respeto de los millones de seguidores en el mundo entero están en la libertad de actuar bajo cualquier creencia, pero políticamente si se debe profundizar analizando de qué manera este gran poder puede ser efectivo en la realidad humana. En pleno siglo XXI no se pueden aceptar acciones tan  conservadoras y esclavizadoras, por el contrario, hay que propender por entender que cualquier liderazgo debe enfocarse en resolver problemas que afectan directamente a las multitudes; naturalmente se deben articular esfuerzos para acertar en la objetividad. No podemos negar la influencia de la iglesia Católica en todos los niveles del organigrama estatal colombiano. Es plausible el trabajo desarrollado a través de las pastorales sociales, ojala se fortalezcan estas iniciativas, porque es una buena y positiva fórmula aplicable terrenalmente.

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